9 de septiembre de 2016

Vuelta al cole

Faltan tres días para que vuelva al cole, doce para las fiestas de mi ciudad y catorce para que termine el plazo de entrega del concurso del Salón del Manga de Barcelona. Últimamente todo son fechas y tareas pendientes, y si no hay las busco yo en un periquete. Se me está haciendo difícil avanzar con el cómic, fundamentalmente porque hace años que no dibujo con estética manga y me cuesta horrores cogerle el punto.

Intento de hoy de reconciliarme con el manga. No lo he conseguido.
Hace unos días hice un juego en twitter que consistía en dibujar en el estilo de otras personas y, dadas las circunstancias, puede que no fuera la mejor idea. Si ya tenía problemas con el estilo, después de intercalar diez diferentes os podéis imaginar el cacao, así que he decidido que hasta que no entregue el cómic no voy a retomar ese reto.

Hace más tiempo aún, también twitter mediante, quedé en dibujar una ilustración con la friolera de 107 peces. No se me olvida, la tengo empezada, pero por falta de tiempo y conflictos de estilo tampoco la voy a continuar hasta que no termine el cómic. Este caso es un tanto especial porque quiero currarme la ilustración, así que entra dentro de lo esperado que tarde más en terminarla.

No sé si alguien se dará cuenta de todas las cosas que se me van quedando por el camino, seguramente poca gente se acuerde. A partir de ahora los estudios me van a dejar menos tiempo para pintar y parte de lo que dibuje no lo podré enseñar enseguida, pero me organizaré para terminar esos asuntillos pendientes e intentaré seguir subiendo algún garabato de vez en cuando, para que no os olvidéis mucho de mí.

¡Nos vemos en inktober pronto!

1 de septiembre de 2016

La historia interminable

Esta madrugada estaba buscando algo en internet cuando vi el doodle que adornaba la página de Google. Por la imagen ya me olía la tostada, pero al colocar el puntero sobre ella pude leer que hacía referencia al 37.º aniversario de la primera publicación de La historia interminable.

37.º aniversario de la primera publicación de La historia interminable
Ilustrado por Sophie Diao
Hay personas que recuerdan nítidamente el argumento de los libros que leen; yo soy de las que olvida enseguida la mayoría de detalles de las historias. Lo que sí perdura en mi memoria es el sentimiento que me generaron y las circunstancias personales que me rodeaban en ese momento. Puede que esa sea la razón por la que le tengo aprecio a La historia interminable.

Toda mi familia es de Asturias, pero por motivos de trabajo mis padres se marcharon de allí poco antes de que yo naciera. Me crié en un pueblo a medio camino entre Asturias y León, plantado a mil metros de altitud. En invierno nevaba en serio.

Cuando tenía ocho años nos mudamos a Oviedo, aunque asocio mi infancia y un montón de buenos recuerdos a ese pueblo de montaña. Hace bastante que no vamos por allí, pero cuando era pequeña visitábamos a unos amigos al menos una vez al año. En uno de esos viajes me prestaron un libro para que estuviera entretenida, era La historia interminable. Me pasé tres días sentada en un banco de piedra al sol y pegada a él. Hace dieciséis veranos de esto.

Era una edición bastante vieja, de tapa blanda y hecha polvo, normalucha. No estaba a dos tintas, ni tenía letra capitular, ni ilustraciones. No había nada que me indicara que no era otro libro más y disfruté de él sin prejuicios, algo que a día de hoy echo bastante de menos. Ya casi he olvidado el argumento, pero recuerdo muy bien que sentí que leía lo que le ocurría a Bastián del mismo modo que él lo hacía con Atreyu, así que si ellos dos estaban viviendo una aventura quizá yo también formara parte de ella. Es un pensamiento muy infantil, era una niña, pero me parece muy tierno.

Me parece imposible elegir un libro favorito porque no todos los leemos a la misma edad ni en las mismas circunstancias. No puedo comparar una novela que tengo reciente con una que leí hace una década, pero sí que hay libros a los que les tengo cariño y éste es uno de ellos. Por falta de tiempo no voy a poder hacer un dibujo que acompañe, pero al menos quería recordar una historia que no debe ser contada en otra ocasión.