Déjà vu

Es una fría y soleada tarde otoñal. Hay niños en el parque de delante de casa y Utkka barre la acera con determinación. Un vecino pasa por el camino y se para a saludarla.

— ¡Utkka! ¿Qué es de tu vida?
— Aquí andamos, Fulanito. ¿Qué tal?
— Sobreviviendo, ya sabes...
— Sí, qué me vas a contar.
— ¿A qué te dedicas? Que no se te ve el pelo.
— Estoy haciendo un máster, de esos para opositar. Para profesor.
— Pero... ¿Qué habías estudiado para maestra?
— ¿Magisterio? No, hice física.
— Física... Educación física.
— No, no. Física... Como de física y química.
— Hostia, ufff. Vaya, vaya.
— Ya, bueno. Era lo que me gustaba, pero encontrar trabajo está jodido igual.
— Bueno, pero si te dan una prácticas ya es algo.
— ¿Cómo? ¿Pagadas?
— Sí, últimamente hay más prácticas pagadas. No te dan mucho, pero menos es nada.
— Tengo tres meses, pero no cobro nada. Casi que pago por ellas.
— Hostia, qué me dices. Qué raro... ¿Y dónde las haces?
— Aquí, en el instituto de abajo.
— Bueno, bien. Bien.
— Sí, a ver si poco a poco...
— Ya verás como sí. Venga, chula. Ya nos vemos.
— Ta lueguín, cuídate.
— Sí. ¡Igual!

Utkka se despide con la mano y ve cómo su vecino se aleja camino abajo. Continúa barriendo, con la extraña sensación de haber tenido ésta misma conversación en el pasado.

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